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Fundadores de Apostar a la Vida

Hugo Ricardo Basílico 1950-2003

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• Presidente Honorario de la Fundación Apostar a la Vida.
• Co-fundador y Presidente de la entidad entre 1993 y 2003.
• Ganador del Premio San Martín de Tours en 1999.
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Hugo fundó, junto con la Dra. Silvia Garsd, el grupo Apostar a la Vida en Abril de 1993. Le fue diagnosticado, en 1992, cáncer en ambos pulmones, aorta, esófago y estómago, su expectativa de vida era de entre cinco y seis meses nada más. Se sometió a diferentes tratamientos: Radioterapia, Quimioterapia y Bomba de Cobalto.

En 1994 le descubrieron un linfoma no-Hodkin, siendo sometido a un auto-transplante de médula ósea, el cual fue exitoso. Sus problemas de salud no le impidieron coordinar los grupos de Apostar, al contrario, en la ayuda a los compañeros encontró ayuda para sí mismo, como siempre recalcó.

 

Aquí reproducimos su testimonio textual:

Soy paciente oncológico, estuve gravísimo, con un pronóstico ominoso, como mucho 6 meses de vida (cáncer de pulmón y linfoma). En ese momento sentí que me moría (tenía entonces 42 años), que mis proyectos quedaban truncos. Miedo, dolor y angustia me acosaban día y noche. Pero eso sucedió en 1992. Comprendí que debía luchar, soportar tratamientos muy duros y así lo hice: 58 quimioterapias, rayos X, autotransplante de médula ósea, 24 transfusiones de sangre, otro tanto de plaquetas, etc. Gran cantidad de secuelas son mis medallas de guerra. Pero también comprendí que no había sido castigado por alguna mala acción.

Cuando conocí a la doctora Silvia Garsd (psicooncóloga del hospital Ramos Mejía), otros pensamientos ocuparon mi vida. Luché mucho, fundé junto a la profesional la Fundación Apostar a la Vida , donde atendemos con la doctora, en forma gratuita en grupos terapéuticos, a más de 2500 personas con cáncer por mes.

Desde mi humilde condición decidí ayudar a otros, a quienes mi misma enfermedad les aportaría algo de alivio frente al camino que les tocaría transitar. De esta manera también me ayudo a mí mismo. Supe y así lo transmito que “donde hay vida, hay lucha por la vida”, que el cáncer es curable, que no es un castigo ni un premio, es una enfermedad que a mí particularmente me hizo crecer y engrandecer mi espíritu.

Hoy en día el enfermo oncológico está muy protegido, pues los tratamientos contra el dolor están muy avanzados. Nunca escupamos al cielo porque profesionales, entre otros, grandes médicos, empresarios, amas de casa, jubilados, ricos, pobres, blancos, negros, japoneses, judíos, católicos, sacerdotes, rabinos, etcétera; sentados unos junto a otros en las reuniones, desafían a esta enfermedad con el propósito de sanar, ¡ y vaya que bien se encuentran !.

Con el avance científico y la excelente calidad de vida conseguida en nuestras reuniones, no sólo se refuerza nuestro sistema inmunológico, sino que en nuestras estadísticas el índice de mortalidad descendió en más de un 70 % desde el año último hasta hoy. A quienes tengan cáncer les digo que luchen, que si yo pude, ustedes también. Hoy el cancer es curable.